Cada miembro del grupo aporta algo único, y en esa diversidad se genera un espacio potente de reflexión y crecimiento. La participación se adapta al ritmo de cada persona, y se fomenta una dinámica de apoyo y respeto.
Las sesiones son presenciales, con una frecuencia regular (quincenal o mensual), y requiere un tiempo mínimo de participación para cuidar la calidad del espacio, sostener una dinámica estable, generar vínculos de confianza y garantizar un entorno seguro.
La participación en el grupo requiere de la realización de al menos una sesión individual mensual para la integración y elaboración de la experiencia grupal.